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     20/11/2008

 

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LA DEMANDA DE ENERGÍA

Hasta no hace mucho tiempo, el uso que el hombre ha hecho de la energía ha seguido una tendencia análoga a la del aumento de la población. Hasta el siglo XVI, la forma de producir calor era quemar madera, residuos agrícolas y estiércol animal, y el trabajo necesario lo realizaba el hombre por sí mismo o con ayuda de animales. Asimismo, la utilización de energía hidráulica y de molinos de viento es muy antigua. Hasta el siglo XII no se empezó a utilizar en Gran Bretaña el carbón mineral proveniente de estratos superficiales, pero la producción de carbón en las minas no alcanzó la cifra de diez millones de toneladas anuales hasta finales del siglo XVIII.

En esta época, empezó en Gran Bretaña la industrialización de la sociedad y la demanda de energía sobrepasó rápidamente lo que podían satisfacer por sí solas las fuentes renovables. A partir de la bomba de vapor de Savery de 1698, se desarrolló la máquina de vapor de Newcomen (1712), a la que siguió la de Watt (1781) y la locomotora de Trevithlck (1802). Con la invención del generador eléctrico de Pixii (1832) y el motor eléctrico de Gramme (1873), al que siguió el descubrimiento de Faraday de las leyes del electromagnetismo, quedó abierto el camino para el aumento masivo de la utilización de la energía. 

En 1900 la cantidad de carbón extraído de las minas en Gran Bretaña sobrepasa los 200 millones de toneladas al año. En Rumania (1857) se empezó a extraer petróleo en ciertas cantidades y poco después en América (1859). Además de sustituir al carbón como combustible de los procesos químicos, aumentó mucho la demanda de petróleo como fuente de combustibles destilados para motores de combustión interna, cuyo origen en el campo del transporte se remonta a finales del siglo XIX y principios del XX.

Para analizar el aumento de la demanda de energía, es necesario hacer una estimación del grado en que el hombre ha aprendido a aumentar su poca capacidad de trabajo. Se puede partir de las estadísticas de la producción mundial de carbón y petróleo. Prácticamente la totalidad de estos combustibles se han quemado junto con el oxígeno del aire, empleándose su energía química como calefacción en viviendas, edificios públicos y fábricas, o para hacer funcionar máquinas en las que el calor se convierte en trabajo. 

La eficacia de estos procedimientos ha variado con el tiempo, en función de los avances tecnológicos y los cambios sociales. El rendimiento en la utilización de los combustibles para calefacción ha aumentado rápidamente en las últimas décadas, pero existen límites importantes en la eficacia de las máquinas. Es correcto suponer que la eficacia media en la utilización del carbón y el petróleo hasta la actualidad no es superior al 20%. Así, la demanda de energía ha sido un quinto de la que potencialmente se podría obtener al quemar estos combustibles. A esto hay que añadir un factor de corrección que tenga en cuenta los procesos en los que se emplea madera, turba y otros sustancias vegetales. Éstas siguen siendo aún las principales fuentes de energía en muchas partes del mundo y se calcula que representan alrededor de un 15% de la demanda total de combustible. 

En el pasado, su importancia fue mucho mayor. La proporción de la demanda mundial que satisfacen estos combustibles era el 50% en 1900. Hoy en día, la contribución de otras fuentes, como la energía hidroeléctrica y nuclear, sigue siendo muy pequeña, probablemente no más del 2% de la demanda total, aunque en este caso no tenemos que tener en cuenta el rendimiento de uso, ya que éste es alto en todos los procesos que utilicen electricidad. Por otro lado, el número de animales de carga y para trabajos agrícolas puede ser de cientos de millones, pero el trabajo cuantitativo total que realizan es despreciable en el sentido de que el rendimiento medio de estos animales no es mayor de unos cuantos kilowatios-hora al día.

Al hablar de demanda de energía se habla del trabajo real desempeñado por las máquinas fabricadas por el hombre, junto con la energía utilizada en los procesos químicos y en calefacción. No hay que confundir esto con el suministro de energía. Para satisfacer la demanda, el suministro ha de ser mucho mayor dada la ineficacia con que se realiza el proceso de transformación que satisface la demanda.

La demanda de energía aumenta mucho más rápidamente que la población mundial, lo que es muy lógico y comprensible. Igual que en una sociedad no desarrollada surge el deseo de mejorar el nivel de vida, también se produce el aumento de la demanda de energía. Supone la transformación de unas condiciones de vida de mera subsistencia, en las que la mayoría de la población trabaja en la agricultura, hasta llegar a una progresiva mecanización y urbanización en la que la mayoría de las personas, y también la producción de energía y fabricación de bienes de consumo, se concentran en ciudades. Como muestra de lo dicho, se puede afirmar que el estado de desarrollo de una nación se define a partir de la proporción de su población que vive en zonas urbanas. Por ejemplo, en la actualidad, en Gran Bretaña, un 6% de la población trabaja en la agricultura, en comparación con el casi 90% de algunos países orientales.

Otro indicador del desarrollo material es la utilización de energía por persona. En la actualidad, la demanda media de energía por persona en el mundo ha sobrepasado los 3.000 kWh al año. Hay, sin embargo, grandes diferencias entre la demanda media de energía de una nación a otra. En los Estados Unidos y en algunos países de Europa se ha alcanzado los 18.000 Kwh. al año, mientras que en la India es todavía de unos cuantos cientos de Kwh. por persona y año.

El objetivo de los países en desarrollo es elevar su nivel de vida hasta eliminar las disparatadas diferencias actuales. Entra dentro del campo de las conjeturas saber en qué medida se seguirán desarrollando las naciones ricas mientras se produce este proceso. Se podría alcanzar un estado de equilibrio en el que la demanda media de energía por persona en el conjunto mundial se elevara al mismo nivel que hoy existe en los países altamente desarrollados. Sin embargo, hay muchos factores a tener en cuenta. Los avances en los países subdesarrollados exigirán una producción a gran escala y en un corto espacio de tiempo. Las necesidades de materias primas de esta expansión extinguirán rápidamente las reservas mundiales de minerales con los métodos actuales de aprovechamiento. Sobre esta base, las reservas aprovechables de ciertos metales, a la velocidad actual de extracción, se pueden medir en décadas. El aumento de la demanda significará su extracción de minas donde estos minerales se encuentran en concentraciones menores. Así, se necesitará más energía para extraer una cantidad dada de mineral.

Asimismo, el agua dejará de ser barata. Ya hay zonas en que cada gota de lluvia que cae está destinada a algún objetivo humano. La demanda de agua en el futuro exigirá la desalinización a gran escala del agua marina, para lo que la energía necesaria será un nuevo factor a tener en cuenta en la demanda total. Actualmente, el método más barato consume alrededor de 100 Kwh. por tonelada de agua.

Es imposible prever cómo alimentar a la futura población mundial sin un aumento enorme en la utilización de fertilizantes, probablemente en cantidades que centupliquen el consumo actual. También en su extracción y fabricación se necesita energía en grandes cantidades. El proceso clave es el "fijado" del nitrógeno en la preparación del amoníaco a partir del cual se obtienen otros muchos derivados. Si el nitrógeno se extrae del aire y el hidrógeno se obtiene por electrólisis del agua, se necesitarán unos 7 Kwh. de energía para preparar una cantidad equivalente a la necesaria para el fijado de 1 Kg. de nitrógeno. En la actualidad, la producción mundial de nitrógeno fijado en fertilizantes sobrepasa los 20 millones de toneladas anuales.

Estos y otros muchos factores hacen que el cálculo de la demanda de energía mundial a largo plazo tenga un carácter especulativo en extremo. Sin embargo, es muy poco probable que esta demanda a largo plazo pueda ser inferior a 20.000 Kwh. por persona y año. Si esto se añade a la optimista previsión de que la población mundial se mantendrá en equilibrio, la demanda de energía llegará a 200 billones de Kwh. al año, alrededor de 16 veces el nivel actual. Este aumento se debe a un hipotético aumento de población en el que se multiplica por 3 la actual y un aumento en la demanda media de energía por persona en el que el factor de multiplicación es mayor de 5. Al estar basadas en meras suposiciones, estas cifras sólo sirven para crear una impresión de las posibles tendencias.

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