Cualquier forma de
medir la situación de los pueblos menos privilegiados resultaría difícil de
entender. Habría pocas personas que no estuvieran de acuerdo en que las
necesidades primarias de cualquier ser humano son el alimento, el agua, el
vestido y la vivienda, aunque en la actualidad, al menos una de estas necesidades
no está cubierta adecuadamente para la mayoría de los hombres. Los alimentos de
que dispone aproximadamente la mitad de la población mundial son inferiores, en
cantidad o en calidad al mínimo necesario para el mantenimiento de la salud y
de la capacidad de trabajo. De éstos, quizás un sexto de la población total
sufre una peligrosa desnutrición. Resulta aún mayor el número de personas cuya
comida es inadecuada en calidad, siendo endémicas las enfermedades causadas por
las deficiencias en las dietas. Hay cientos de millones de niños afectados de kwashiorkor,
una enfermedad originada por la falta de proteínas que debilita la mente y el
cuerpo (aunque se podría eliminar con unas cuantas semillas de soja por persona
al día).
Menos de un tercio de
la humanidad disfruta de un suministro de agua en condiciones, comestibles no
contaminados y métodos efectivos de eliminación de desperdicios. Estas
deficiencias amplían la incidencia de las infecciones, plagas y enfermedades,
como malaria; filaría y bilharzia, tracoma ocular, etc.
La enumeración de
males y miserias se extiende a todos los campos de la actividad humana. Se cree
que las condiciones de vivienda de más de un tercio de la humanidad suponen un
riesgo para la salud. Muchos carecen por completo de vivienda, de trabajo y de
perspectivas de tenerlo. Un quinto de la población infantil mundial no puede ir
a la escuela y unos 800 millones de adultos no saben leer.
Aunque más de dos
tercios de la población mundial vive en África y Asia, la renta nacional de los
países de estas áreas representan menos de un sexto del total mundial. Estados
Unidos, con un 7% de la población mundial, tiene una renta del 40%. La
capacidad adquisitiva de un individuo en Estados Unidos o Europa es de 20 a 50
veces superior a la de los que viven en África o Sudamérica. La supremacía
actual de estas naciones favorecidas se corresponde en gran medida con el
esfuerzo que han puesto en la comprensión de la ciencia y sus aplicaciones. Si
bien existe una tendencia a comunicar estos conocimientos a las naciones menos
favorecidas, en la actualidad los avances científicos aumentan las diferencias
económicas entre unos países y otros. Algunos de estos avances mejoran el
rendimiento global de las economías nacionales y, al crear materiales sustitutivos,
reducen su dependencia de materiales que anteriormente tenían que importar.
Así, las naciones menos desarrolladas tienden a convertirse en más débiles
económicamente debido a una disminución de sus exportaciones más tradicionales,
como el algodón y el caucho.
El aumento de nivel de vida arranca con la Revolución Industrial que comenzó en
Gran Bretaña hace unos 200 años. De ahí que la mecanización y demás avances
tecnológicos se consideren como la clave para una mejora general del nivel de
vida. De ser esto cierto, la solución a muchos de estos problemas dependen en gran parte de un
suministro de energía a una escala sin precedentes.